RETORNO TRIUNFAL:TEMA 2

BALANCE Y PERSPECTIVAS DE LAS MIGRACIONES FORZADAS DE CENTROAMÉRICA

Por Rodolfo Casillas R. Profesor e investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLASCO (sede académica de México). El autor deja constancia de su agradecimiento a la Fundación John T. and Catherine D. MacArthur por el financiamiento otorgado para la investigación. "Perfil sociodemográfico del transmigrante centroamericano en México, 1989-1996", que parcialmente contribuye a la redacción del presente texto, y a Fabienne Venet y a Sergio Aguayo que gentilmente leyeron una primera versión de la ponencia, haciendo valiosas observaciones y recomendaciones. Dirección institucional: Carretera al Ajusco km 1.5, núm. 377, C.P. 10740, México, D.F. Tels. 6317016 y 6317246, E.mail: casillas@servidor.unam.mx




Dos preguntas en una dan sentido a este texto: ¿cómo fortalecer los procesos de transición democrática y socioeconómica de Centroamérica y cuál es el papel que pueden desempeñar los migrantes forzados en dicho propósito? Los procesos de transición en la región aún no se han consolidado, pueden ser reversibles y con altos costos y pérdidas para las sociedades y gobiernos locales, así como para la comunidad internacional que hizo aportaciones sustantivas para coadyuvar al cambio sociopolítico. Decretar el fin del refugio de los migrantes forzados y actuar en consecuencia puede desencadenar más complicaciones que beneficios.


Centroamérica coadyuvó de diversas maneras, sin proponérselo, a impulsar cambios políticos, jurídicos, sociales, económicos, culturales y de derechos ciudadanos, en el norte del continente en sí mismo, entre los países que lo conforman y en relación con la propia Centroamérica. Sin sobredimensionar esta contribución, hubo una específica: LAS MIGRACIONES FORZADAS.


Más allá de las remesas, en su desarraigo, las migraciones forzadas han aprendido, gestado y desarrollado conocimientos y prácticas de indudable valor para la FORMACIÓN DE CIUDADANOS de sociedades libres y democráticas. Ejemplos:

· la experiencia adquirida durante la migración les permite ser movimientos sociales, es decir, han desarrollado experiencias de organización en situaciones adversas, lo que ha fortalecido sus lazos de cohesión social;
· han constituido organismos comunitarios en los lugares de residencia con mesas directivas, directorios de miembros, calendario de actividades, etc., en otras palabras, han desarrollado instituciones en el mejor estilo de las democracias representativas;
· han establecido un conjunto de relaciones con organismos comunitarios similares en los lugares de tránsito y destino provisional o definitivo que en un momento dado pueden facilitar transacciones de diverso tipo y no sólo las relaciones solidarias;
· han forjado, a través de sus redes, vínculos cotidianos con distintas instancias formales de organismos sociales, regionales, multilaterales y eclesiásticos, que han tenido un papel importante en la atención de los migrantes y que pudieran en un momento dado coadyuvar a un retorno digno y voluntario;
· cuentan con la solidaridad activa y organizada de organismos no gubernamentales (ong) defensores de sus derechos humanos, en distintos países del continente. Estos organismos pueden devenir en un futuro apoyos coadyuvantes, confiables a los ojos de los migrantes, en la difusión de los derechos ciudadanos en niveles sociales que tradicionalmente han sido difíciles de acceder para las instituciones gubernamentales de la región;
· tienen un conocimiento fuera de lo común de cómo funcionan las leyes y reglamentos y cuáles son las reglas no escritas de la convivencia por comunidad en los lugares de residencia actual, es decir, tienen familiaridad con el funcionamiento del orden institucional y cotidiano lo cual desconocían en su lugar de origen o sentían en su aspecto coaccionante y negativo;
· saben qué pueden esperar de los dirigentes políticos locales, de los consejales, representantes, etc y, sobre todo, tienen una idea, todavía insuficientemente desarrollada, del peso de su voto en el caso de quienes pueden votar y ser votados, lo que en conjunto significa conocimiento diferenciado de estructuras de gobierno y de los derechos políticos ciudadanos;
· saben del poder que pueden desplegar desde sus lugares habituales de residencia, particularmente en Estados Unidos y Canadá, como consumidores y contratistas de servicios varios, un poder del consumidor que en Centroamérica está en fase germinal, con todo lo que ello implica en el funcionamiento y calidad del mercado de bienes y servicios
· saben de la importancia de sus remesas económicas para sus poblaciones de origen, de su significado en la paz social y gobernabilidad en los miles de sitios que reciben su dinero, que activan en consecuencia las economías locales, generan empleos y ocupaciones, demandan bienes y servicios, y hasta fomentan el ahorro y la inversión.

De los puntos anteriores se obtienen dos conclusiones de gran importancia: 1) en un plazo relativamente corto los núcleos de migrantes organizados se han ido convirtiendo en interlocutores con cierto reconocimiento y aceptación por los gobiernos de sus países de origen; y 2) su incidencia social, el peso de sus remesas, sus vínculos, relaciones, su involucramiento como tema de agenda internacional los convierte en un sector con mayor significado político en sus países de origen que en los de residencia actual. Por lo anterior, la formalización de espacios de participación específicos para los migrantes puede contribuir al fortalecimiento de la democracia en Centroamérica.

Se antoja, en consecuencia, apresurar el retorno de los migrantes forzados. El problema, empero, es de contenido, tiempo y formas y no sólo de criterios administrativos o de procedimientos que por sí mismos son un problema complejo que requiere tiempo para su aplicación. Es decir, en cualquier caso, se necesita un mínimo de tiempo para que los gobiernos y las comunidades de migrantes forzados preparen el retorno y lo pongan en marcha. Y, si ello es así, ¿no vale la pena explorar las soluciones que dignifiquen al hombre y beneficien a la democracia en el norte y centro de América?

Sería deseable que los gobiernos del norte de América pudieran promover y participar en la elaboración de programas que amplíen el proceso de transición en Centroamérica y que faciliten el retorno voluntario y digno, en lugar de invertir en la construcción de muros legales y físicos para la contención y devolución de migrantes. Lo central es fortalecer sociedades y gobiernos que inhiban las migraciones obligadas; lo complementario es desarrollar condiciones para el retorno de aquellos que deseen hacerlo en condiciones de vida digna y de integración social.


La mejor defensa de las sociedades fortalecidas está en el fortalecimiento de las sociedades debilitadas. Es entendible que a los gobiernos de las primeras les preocupe el crecimiento social de su población e instrumenten medidas varias de control migratorio. Hasta ahora se ha practicado un sistema defensivo que consiste en legislar normas más selectivas para la admisión y estadía de los migrantes, controles más férreos de las fronteras y estímulos a las inversión en los países de origen que puedan redundar en el mediano y largo plazo en mercados atractivos para retener a los migrantes potenciales o atraer a los que hubieran partido con anterioridad.


Esta concepción ha fracasado. Tres hechos lo demuestran: 1) hay volúmenes crecientes de migrantes centroamericanos que ya están insertos en las sociedades de destino; 2) las inversiones de capital no han llegado a los países de origen de los migrantes como se esperaba y, si han llegado, no han dinamizado los sectores empleadores de la mano de obra migrante; y 3) la vida institucional, tanto en los países de origen como en los de destino, no se ha visto beneficiada en tanto que buena parte de los flujos migratorios operan al margen de ella.


Por lo anterior, la población migrante seguirá atrayendo a parientes, amigos y connacionales con, sin y en contra de impedimentos gubernamentales, mientras se piense que las patrullas fronterizas contendrán el flujo migratorio en lo inmediato y que lo harán hasta el momento en que ocurra el milagro de que la inversión de capitales por sí sola retenga a los buscadores de vida y de una vida mejor.


El momento internacional no puede ser más propicio para enfrentar el gran desafío de DESARROLLAR Y FORTALECER LAS SOCIEDADES EN LA DEMOCRACIA. Las leyes y los gobiernos a veces cambian las sociedades, pero lo más seguro es que las sociedades cambien a las leyes y los gobiernos, si no es que actúen al margen de unas y de otros cuando éstos no responden a sus expectativas y no tienen más remedio que sobrellevarlos. Los migrantes forzados no son la misma masa humana de los años 80; son ciudadanos que pueden contribuir a fortalecer los procesos democráticos de sus países de origen.

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